El plomo se usó durante décadas en las tuberías del agua porque era barato, fácil de doblar y duraba mucho. El problema es que también es tóxico, y eso no se supo del todo hasta bastante después de haber llenado de plomo medio parque de viviendas de España.
Si tu casa en Toledo se construyó antes de los años 80, hay posibilidades reales de que parte de la instalación del agua siga siendo de plomo, sobre todo en la acometida y en los tramos que no se han tocado nunca. La pregunta que nos hacen mucho es si hay obligación de cambiarlas. La respuesta corta: cada vez más, sí.
Por qué el plomo es un problema
El plomo del tubo se disuelve poco a poco en el agua, sobre todo si el agua se queda parada muchas horas, como pasa por la mañana antes de abrir el primer grifo. Esa agua arrastra partículas que acabas bebiendo.
No es un veneno fulminante, es lento. Se va acumulando en el cuerpo y afecta especialmente a embarazadas y a niños pequeños, donde puede interferir en el desarrollo. Por eso los organismos de salud llevan años bajando el listón de lo que se considera tolerable. Lo que antes pasaba el corte, hoy ya no.
Qué dice la normativa del agua
La normativa europea de agua de consumo se ha endurecido. El límite de plomo permitido en el agua del grifo se ha ido reduciendo y la tendencia es clara: que no quede prácticamente nada. España ha trasladado esas exigencias a su propia legislación, que obliga a vigilar el plomo en el agua y a actuar cuando se superan los valores.
En la práctica esto significa que, aunque a un particular nadie le va a multar mañana por tener un tramo de plomo en su casa, mantener esas tuberías va contra la dirección que marca la ley y contra tu propia salud. En obras de reforma, en cambios de instalación y en muchas comunidades, sustituir el plomo ya se da por hecho. La responsabilidad del tramo interior es del propietario; la de la acometida hasta el contador depende de cada caso, algo que explicamos en de quién es la tubería hasta el contador.
Cómo saber si tienes tuberías de plomo
No hace falta ser fontanero para sospecharlo. El plomo es un metal gris mate, blando, que se raya con una moneda y deja una marca brillante plateada. No está magnetizado, así que un imán no se pega. Y al darle un golpecito suena apagado, sin el tintineo del cobre.
Otra pista es el color del tubo viejo: gris plomizo, a veces con una capa blanquecina de óxido por fuera. Si lo comparas con el cobre (anaranjado) o con el acero galvanizado (gris más claro y duro), se nota.
Si no lo tienes claro, lo más fiable es un análisis del agua o que pase un profesional. Cuando hacemos una reparación de tuberías en casas antiguas de la provincia, lo primero que miramos es de qué material es lo que hay enterrado.
¿Y mientras decido qué hacer?
Hay un truco que reduce el riesgo a corto plazo, aunque no soluciona nada de fondo: deja correr el agua un par de minutos por la mañana antes de usarla para beber o cocinar. El agua estancada toda la noche es la que más plomo lleva; la que viene de la red, mucho menos. Para el agua de consumo, mejor la del grifo de la cocina después de dejarla correr, no la del primer chorro.
Es un parche. La solución de verdad es cambiar el tramo de plomo por materiales actuales, que ni se oxidan ni sueltan nada al agua.
Cómo se sustituyen
Depende de dónde esté el plomo. Si es un tramo visto dentro de casa, el cambio es sencillo. Si está enterrado o va por dentro de la pared, hay más faena, aunque hoy existen técnicas para reparar y renovar conducciones sin tener que romper medio suelo.
Antes de presupuestar nada conviene saber por dónde pasa exactamente la tubería y en qué estado está. Para eso usamos inspección con cámara y localización sin obra, que nos dice el recorrido sin andar picando a ciegas.
Si vives en una casa antigua de Toledo y te ronda la duda de si bebes agua que pasa por plomo, llámanos al 647 37 67 82. Le echamos un vistazo y te decimos con franqueza si merece la pena cambiarlo o no.